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Algunas curiosidades del recorrido de la Carrera de la Ciencia (2)

Como os contamos en el [ primer artículo ] dedicado a las curiosidades de la [ Carrera de la Ciencia ] de Madrid, cuando participemos en la prueba el próximo 21 de octubre, podemos aprovechar para fijarnos en esas calles, esos edificios o en esas historias en la que no reparamos en el día a día. Siempre que no vayáis concentrados en el ritmo y el asfalto porque queréis conseguir una buena marca en una carrera de 10 kilómetros. Pero aún así, seguro que, después de leer este y el anterior artículo, cuando paséis por los lugares que describimos recordaréis algo de lo que os contamos y la carrera servirá para algo más que para disfrutar corriendo.
Calle Recoletos de Madrid, en el kilómetro 2 de la Carrera de la Ciencia CALLE RECOLETOS

A la altura del kilómetro 2 de la carrera, abandonamos por primera vez la calle Serrano. Y lo hacemos en un giro a la derecha en el que además hay que estar bien atentos, porque de la ancha calle Serrano entramos en la Calle Recoletos, que es bastante más estrecha. Pero seguro que los veteranos en esta carrera irán avisando a los novatos antes de llegar y de cómo hay que tomar la curva de 90 grados.

La calle Recoletos, como decimos, es estrecha, pero también bastante corta, apenas unos 200 metros. Va en bajada desde Serrano hasta el Paseo Recoletos. Para que os hagáis una idea, la calle realmente "nació" en 1850, en la zona antes ocupada por el Convento de Monjes Agustinos Recoletos, del que tanto esta vía como el Paseo toman su nombre. El convento fue fundado a finales del siglo XVI y en los terrenos sobre los que se levantó ahora están el Museo Arqueológico Nacional y la Biblioteca Nacional, entre otros edificios. Si os fijáis bien cuando paséis junto al a verja de la Biblioteca Nacional, podréis ver una placa que recuerda el convento.

Pero, volviendo a la calle Recoletos, tenemos un par de curiosidades más. Fue el primer lugar en el que se levantó el famoso Circo Price, en la segunda mitad del siglo XIX, en que hoy es la esquina con el Paseo Recoletos. Y al otro lado de la calle, a la altura del número 17, pasamos junto a la casa donde falleció en 1901 Ramón de Campoamor. Una placa en ese lugar recuerda el poeta.

Museo de Ciencias Naturales de Madrid MUSEO DE CIENCIAS NATURALES

Una vez pasado el kilómetro 4, y cuando el Paseo de la Castellana empieza a ‘picar’ un poco más hacia arriba, a nuestra derecha aparecerá, subido en una pequeña colina, el Museo Nacional de Ciencias Naturales. Una institución que además pertenece al CSIC y que estudia y divulga las ciencias Naturales. La institución como tal data de finales del siglo XVIII, y en su origen fue el Real Gabinete de Historia Natural, fundado por Carlos III. Su primera sede estuvo en la calle Alcalá de Madrid.

Pero su traslado a la ubicación actual, en el Paseo de la Castellana, por onde pasa la Carrera de la Ciencia, fue en el año 1910, ocupando lo que había sido el Palacio de la Industria y de las Artes. Un edificio construido construído en la década de 1880 en lo que entonces se conocía como Altos del Hipódromo. Su arquitecto fue Fernando de la Torriente, aunque falleció durante las obras y el que terminó el edificio fue Emilio Boix y Merino.

Se trata de un edificio singular, que en origen tenía algunos elementos ornamentales que ya no son visibles. Destacando la elevada, excelsa y plateada cúpula que preside el conjunto arquitectónico de la construcción. Un lugar que es también sede de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de la Universidad Politécnica de Madrid.

Pues bien, cuando paséis corriendo por ese lugar el día 21 de octubre pensad en algo: detrás de ese Museo de Ciencias Naturales, un poco más arriba, está el campus del CSIC, y la meta de la carrera. ¡Pero no recortéis! Aún tenéis que seguir otros cinco kilómetros más por lugares de Madrid llenos de historia y curiosidades.


POLIDEPORTIVO MAGARIÑOS

El paso por este lugar en el recorrido de la Carrera de la Ciencia es muy satisfactorio y especial. No sólo por lo que supone esta institución para el deporte madrileño. También lo es porque estamos ya a menos de un kilómetro de la línea de meta.

Pero detengámonos un momento a mirar a nuestra derecha en este punto de la calle Serrano, una vez que hemos pasado la Plaza de República Argentina con su fuente y sus delfines. Vamos cuesta abajo y las piernas nos van llevando entusiasmadas a la meta. Pero ahí se levanta el Polideportivo Magariños, parte de la historia del baloncesto nacional.

El polideportivo le debe el nombre a un profesor del Instituto Ramiro de Maeztu, que se encuentra en la misma manzana. Antonio de Magariños fue profesor de latín y jefe de estudios del Instituto. Una persona preocuapada por ligar el deporte al desarrollo educativo de los alumnos. Su nombre ha pasado a la historia como fundador del Club Baloncesto Estudiantes. Fue a finales de la década de los cincuenta. Un club nacido literalmente en las propias aulas del Ramiro de Maeztu.

Pero el edificio del pabellón Magariños no se inauguró hasta dos décadas después, en 1971, cuando se convirtió en la sede oficial del Club Estudiantes. Fue diseñado por los arquitectos Antonio Vázquez de Castro Sarmiento y José Luis Íñiguez de Onzoño. Entonces, se convirtió en un lugar privilegiado y envidiado, un prestigioso centro deportivo en el que se vivía y se sentía el baloncesto.

Algo que duró hasta finales de los años 80, cuando el Estudiantes tuvo que trasladarse para disputar los partidos oficiales al más amplio Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid. Hoy en día, son los equipos de categorías inferiores y el femenino del Estudiantes los que disputan sus partidos oficiales en el Polideportivo Magariños.

27/09/2018 [ Lista de noticias ]